Por temas de trabajo estuve fuera de mi ciudad durante varios años, volvía en vacaciones para ver a mi familia y amigos y poco más, y durante ese tiempo no tuve contacto alguno con Pedro. Me casé y tuve un niño y mi vida era bastante tranquila y digamos normal. A los dos años de estar casada mi matrimonio se rompió porque la convivencia era insoportable y yo no quería eso para mi vida, quería estar tranquila, vivir tranquila y no aquello que tenía.
Me divorcié y mi niño y yo nos volvimos a la ciudad donde estaba mi familia y donde estaban mis amigos, a empezar de cero los dos solos pero muy tranquilos. Un día en la calle me topé con Pedro (mi ciudad no es muy grande y vivíamos muy cerca) y me llevé una gran sorpresa, en todos estos años apenas me había acordado de él, cuando fuimos novios éramos realmente un poco críos y sí que tenía buenos recuerdos, pero después la vida te lleva por otros lados y parece que lo de atrás queda tan tan atrás… Pero al verlo me llevé mucha alegría, y él también, nos tomamos un café y nos contamos cómo habíamos pasado estos años y me sentí muy a gusto con él. Seguimos quedando a tomar café, algún día a cenar, y de repente me di cuenta de que Pedro era (siempre lo había sido) maravilloso. Me enamoré (otra vez) de él y empezamos una relación. Ya no éramos aquellos chiquillos de la universidad, yo tenía a mi hijo que era lo primero para mí, y los dos teníamos claro lo que queríamos en la vida, algo que ayudó mucho a que la relación fuese genial.
Seguimos juntos desde entonces y somos muy felices. Mi niño lo quiere mucho y él lo cuida y lo adora. Después de tantos años no imaginábamos que iba a pasar esto pero estamos muy contentos de que haya sucedido.
