Ella terminaba su jornada laboral cuando se conocieron. No había sido
un buen día después de otra noche sin dormir. Hacía calor a pesar de
que el verano apuraba sus días de septiembre y, entre la congoja, los
sudores y el sueño, estuvo a punto de hacer la ola cuando vio llegar el
autobús. Apagó el cigarro en el asfalto y sacó el iPhone del bolso para
entretener el trayecto mientras se acomodaba en uno de los últimos
asientos. En ese momento una voz grave pero dulce, de acento francés,
interrogó desde la puerta a su derecha: ¿es el augtovù que vá a
T-cuatgo?
Ojos verdes tono
semáforo, piel aceituna y pelo marrón roble con las vetas blancas de la
madurez que embellece; vaquero azul maltratado, deportivas y una T-shirt
holgada que mostraba un orgulloso brazo izquierdo arrastrando una
maleta de ruedas. Apenas tardó medio segundo en girar la cabeza y hacer
la radiografía; las mismas cinco décimas que necesitó para enamorarse
mientras contestaba a su pregunta, con el índice moviéndose a derecha e
izquierda: ¡no, no, no!
¡Idiota. Tenía que haberle
engañado! Pero el bote del corazón ralentizó la neurona y el medio
segundo no bastó para la sibilina treta. Así que las puertas comenzaron a
cerrarse cuando él, sin dejar de mirarla, se apeaba del autobús. Y,
mientras ella -temerosa de que pudieran hacer daño a su hombre- gritaba
arrebatada ¡CUIDADO! al conductor, la goma negra sólo logró rozar la
camiseta blanca dejándolo marchar. Los pasajeros voltearon la cabeza
para mirar a la histérica, pero la histérica... ya sólo tenía ojos para
él.
Y a través de la ventanilla le señaló, con el dedo que no
debía haber movido antes, dónde estaba la parada de su autobús. Y no
dejó de observarle atontada mientras el vehículo se alejaba y él
caminaba devolviéndole el sentimiento con los ojos verde semáforo fijos
en ella y la boca de acento francés regalándole la sonrisa más limpia,
cálida y tierna. Inseparables separados -ella en Madrid; él rumbo a
París, tal vez aLyon o a Tombuctú- después de tres segundos en los que
se obsequiaron con todo el deseo, la entrega y todo el amor de la más
larga historia... en la más breve.
